lunes, 1 de agosto de 2011

Nada era diferente. Lo único diferente eras tú. No es que fueras mucho mayor o algo así. No era eso exactamente. Eras diferente, eso es todo. Esta vez llevabas abrigo. O el crío que había sido tu pareja en la fila la última vez tenía escarlatina y tenías una pareja distinta. O era una sustituta la que llevaba a la clase en lugar de la señorita Aigletinger. O habías oído a  tu padre y a tu madre tener una pelea horrible en el baño. O acababas de pasar en la calle junto a uno de esos charcos que tenían un arcoiris de gasolina. Quiero decir que de algún modo eras diferente, no puedo explicar lo que quiero decir. Y aunque pudiera, no sé si me apetecería hacerlo.




*J.D. Salinger
-El Guardián entre el Centeno

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